lunes, 7 de abril de 2014

Diario de mi Semana Santa: 2014, el reencuentro...


Un año más... Un año más que mis letras, hechas sentimiento, se agolpan al filo de mis manos con la misión indescriptible y compleja de expresar razonadamente lo que nunca ha tenido mayor sentido que aquel propio a la emoción y al cariño. Un año más que me asomo aquí, al alero de mis días y mis noches terrenas, para inmortalizar lo que durante una semana va a ir impregnando mi alma y mi corazón y va a hacerlo al abrigo de la primavera de mi amadísima Málaga, al arrullo de las tardes de sus luna de la Parasceve y del acto más hermoso, barroco y sublime que esta tierra cosmopolita ha engendrado jamás. Un año más que vengo a surcar las olas espigadas hechas renglón del océano blanco que cada Semana Santa recoge y refleja mi sentir y mi soñar, mi querer, mi amar y mi entrega plena por aquello que me hecho ser y crecer, ver, tener fe y creer... y hacerlo subido al más determinante de los navíos que gobierno: mis letras... Un año más para escribir y describir el Diario de mi Semana Santa en esta ventana al mundo que recoge, con paciencia y plenitud, lo que soy, como lo soy y por qué lo soy...
Sin embargo este año todo es diferente, ya no te busco en esquinas ni calles abarrotadas de público. No espero ansioso el doblez de tus varales por las recoletas plazas y avenidas de mi amada Málaga pues ya sé y he aprendido que estás en mí y aquí habitas y que no debo buscar fuera lo que sé que me vive dentro ni debo esperarte más subido en la madera que te conforma pues tu estás en todo cuanto he vivido, pues tú estás en todo cuanto he aprendido, pues tú estás en todos aquellos a los que he conocido, pues tú estás en cada susurro que me ha silbado el viento, pues tú estás en cada alegría y en cada tristeza, pues tú estás en cada amanecer y en cada ocaso, pues tú estás en cada conversación mantenida, pues tú estás en cada sueño compartido, pues tú estás en cada esfuerzo repartido... y estás porque eres y siendo me has hecho ser... Hoy vengo aquí no a buscarte sino a proclamarte...a rendirte mi amor y mi esperanza con la lealtad del amigo cuyas pisadas no he visto a mi lado hasta que he dejado varada en la orilla la pesada carga de la incomprensión y la desesperanza. Hoy te siento y te presiento, te escucho y comprendo y eso me hace venir aquí de otra forma, con otra mirada...más plena, más feliz, más nítida y clara.
Porque... he buscado tantas veces respuesta a tu falta, al no saber de tí; porque...han sido tantos los años que mis letras han zarpado en pos de tí sin saber de tí; porque... ha sido tanto el tiempo que mi fe ha pasado en soledad sin tí; porque...he perdido tanto sin entender que estabas justo aquí...en mí...
Hoy vengo a mirarte con otros ojos, unos ojos nuevos que ya no esperan, que te evn y miran desde la perspectiva del que al fin ha encontrado y no necesita seguir buscando. Sé, como también sé que tú lo sabes, que estos días y estas horas, serán para nosotros un nuevo comienzo. Sereno, en paz, en calma, con la seguridad de afrontar ambos juntos, unidos en la fe que siempre me has regalado, lo que nos depare la vida de bueno o de malo. Sé que estos días, tardes y madrugadas que nos esperan dejarán atrás esa sensación de búsqueda infinita para entregarnos a ambos la insondable paz de un nuevo tiempo.
He crecido...sí, y ya no te busco, ahora quiero disfrutar de nuestro encuentro. Y verte allí en cada detalle que hemos construido durante todo este tiempo. En cada mañana de palmas y olivos, subido en esa sonrisa de los más pequeños. En cada tarde de capirotes, velas algodón e incienso..., en cada túnica blanca, malva, rosa o hasta celeste pues ya no hay rencor que no se haya llevado con amor el viento... Quiero verte con tu mirada perdida diciéndome que sí que puedo y que lo lograré cada vez que cierre los ojos y dormido sueñe y sepa cómo hacerlo. Y quiero rendirme a los ojos de tu bendita Madre y disfrutarlo y empaparme del olor, de la brisa del mar, de su sal, del drujir del metal, del sonido del tambor, de la cera al consumirse, de las flroes al abrirse... Y quiero disfrutar con la gente que quiero, con los que amo y a los que entregaría y entregaré mi vida y hacerlo dejándo perenne ese recuerdo... Y quiero subirme a tus plantas con las alas de mi ilusión y de mi alma y quedarme sentado allí al arrullo de tu dolor y tu quebranto como nota definitiva de mi amor por tí y compromiso firme de querer seguirte hasta que tú lo mandes... Y quiero descifrar en la gente expresiones de cuánto supones y cuánto les meces en su dolor, es su sufrir y en su desesperanza... Y quiero seguirte a pies juntillas, en tus palabras y hacerles ver a aquellos que te utilizan cuánto hay de error en sus gestos y en sus palabras... Quiero estar allí...para ser por tí y en tí lo que a mi corazón tú abras...
Ayer vino a mí tu recuerdo, el recuerdo de aquel chiquillo asustadizo que una mañana de Domingo se situó sin esperarlo a tus plantas...que te besó los pies oscuros de gitano guapo y clavó en tus ojos sus ojos a modo de sentencia sin mayor recurso...ojos mártires de un amor que desde aquel día me acompaña... Reencuentro con mi barrio, sus calles, sus gentes y su Nueva Esperanza. Reencuentro con los recuerdos que me dictan fielmente quién soy y le dan aliento a este viaje sin tiempo que empezó allí, en aquel callejón, hoy sombrío, donde por primera vez pidió Perdón un nazareno leve, imberbe y cargado de Esperanza...de Nueva Esperanza...
Vuelvo aquí, a mi diario de Semana Santa, pero esta vez a modo de reencuentro, sin mayor afán que disfrutar de tí contigo...mi amigo, mi fe, mi luz y mi esperanza...


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