Amanecer al Lunes Santo siempre ha sido para mí sinónimo de reencuentro. Reencuentro con las raices de mi familia, trinitaria por su mitad más frondosa, con las raices de aquello que mis ojos vieron por primera vez al abrirse y trinitaria por mi especial vinculación a ese Cristo único que te habla al andar y que andando parece que te esté hablando a tí directamente... Amanecer al lunes santo ha sido siempre para mí sinónimo de ritual ininterrumpido desde el madrugón, a la misa de Alba, a calle Malasaña y cartón erguido sustento del capirote más celeste, a café en la plaza que no encuentra nunca su forma, la de Uncibay... y ha sido también ultimamente de soledad e intimidad. Vaya por delante que ambas han sido autoimpuestas, elegidas mejor dicho, con el único fin de llegar a lo más profundo de mis creencias y disponerlas a las pruebas de una vida que ultimamente se había empeñado en demasía a zarandearlas una y otra vez sin descanso.
Hoy, ya nada queda de todo aquello... ni el alba, ni las largas colas, ni la compañía, ni el café, ni siquiera la soledad y la intimidad...
El tiempo pasa, la vida continúa y uno aprende, u acepta como ayer, que debemos seguir su ritmo y su cadencia; que debemos continuar braceando contra la corriente que nos lleva para seguir a flote, para no rendirnos sin ni siquiera haber, al menos, luchado... El tiempo pasa y también lo hacen las emociones, los sentimientos para transformarse algunos en leve memoria de lo que nos ha traido aquí pero otros lo hacen convertidos en historia propia, en imagenes que a fuego se graban y cada cierto tiempo, en cada ciertas fechas, señaladas o no, en recordatorio de que somos lo que somos por lo que hemos sido en el pasado. Son nuestras raices, nuestro archivo inamovible, nuestro desván particular al que subimos cada poco a reencontrarnos con lo que somos.
Hoy ha sido Lunes Santo y no ha sido un Lunes Santo cualquiera porque el cielo así lo ha decidido. Hoy no se han visto derramarse por calle Mármoles la larga marea blanquimalva que todo lo cubre a su paso, alfombra firme y decidida que escolta a la más hermosa certeza de toda Málaga. Hoy la brisa del mediterráneo no ha podido juguetear con los pliegues de esa fina túnica blanca que sin embargo soporta estoicamente el peso simbólico de miles y miles de plegarias. Hoy, esa figura esbelta y elegante, pulcra y clara como el alba, no ha podido rendir pleitesía a su amada ciudad de Málaga, ni su amada ha podido corresponderle. Hoy el Puente de la Aurora se ha quedado llorando sin manchas de cera blanquimalva, sin sentir como misteriosamente su arco se tensa y yergue al paso de el Señor de tantas almas. Hoy la Alameda no ha visto reflejarse en sus paredes centenarias la silueta de un hombre de mirada serena y boca entreabierta que con sus manos atadas va sin embargo regalando libertad a todo el que osa posar sobre su figura la mirada... Hoy calle Larios no ha podido saludar a su caminante más peculiar, pues anda movido por 200 corazones que no entienden más razones que la que el propio corazón entiende... y la Tribuna de los Pobres a esta hora, aún llora que no ha podido verle, que los vivas y palmas se han quedado en el zurrón de la espera, de la paciencia de todo un año que resta para poder verle...
Hoy Jesús Cautivo no ha salido a la calle... y el Lunes Santo es menos Lunes Santo... Y mi Virgen chiquita dle Puente tampoco ha podido recorrer las calles de esas gentes que la esperan por una vez al año en vez de rendirles ellos visita. Porque sé, me consta, que ella escuche y oye lo que le dicen pacientemente. Porque sé, me consta, que ella entiende de cómo le piden, le rezan, de cómo sienten y porque sé, me consta, de que no es casualidad que aquellas manos, en aquel tiempo olvidado en la memoria...pusieran su ermita en frente justo de aquel puente... Porque entiendo y comprendo tantas lágrimas derramadas y tanta desazón y pellizcos en el vientre... Entiendo la amargura de esa gente que no ha podido completar itinerarios directos, entiendo las lágrimas de esos niños ilusionados con acompañerte en tu caminar por las calles de mi ciudad, y entiendo que mi ese dolor que oprime mis creencias es hoy menos importante... hoy te necesita más gente...
Porque a pesar de las lágrimas derramadas desde el cielo, mi Dolor ha sido Mayor en Caldeleria...a tu paso, erguido en la cruz de tu Crucifixión, solo, errante entre nubes grises, buscando con la mirada algo que a mi altura he creido oir susurrado en mis oidos... "Búscame en tu memoria"... Y de repente te he encontrado mirándome... a mí, entre tanta gente... Y a pesar de estar alli tú subido y ser yo ante tí tan pequeño... sé que me has sonreido. Sé que no estoy sólo en esta búsqueda y aunque no te pueda ver más allá de la madera que te simula TU estás aquí a mi lado, en alguna parte o quizás en todas...
Y a mi memoria, en el descanso de mi madrugada hacia el Martes, han venido aquellas imágenes de la Alameda y el bocadillo de mi Tia Maria con eterno sabor a jamón y queso... a mi memoria se han subido las imágenes de mis primas Lourdes y Montserrat en aquellas noches en que nos convertíamos en los primeros locutores de televisiones de juguete... A mi memoria ha venido la emoción de aquella figura de túnica meciendose que el foco de tu campana reflejaba en los balcones de la curva de Ordoñez y la Alameda y de como allí yo empecé a amarte, quererte y sobre todo seguirte... Y he recordado las tardes en el patio de Nueva Esperanza o las noches con vela morada escribiendo con cera en el asfalto nuestro nombre... Y he recordado que llevo el alma teñida de morado y de celeste... que sentenciado fui por los ojos más hermosos de universo y por las manos cálidas de mi Virgen, la que lo será siempre... y he recordado que aquellas mañanas de lunes, de alba...de luz, de capirote y de café... serán iguales ya siempre porque te querré siempre...Y soñando o no, no lo sé, una última imagen ha venido a mi memoria... Aquel pregón, aquella noche tambien de lluvia en la que de mi voz salieron estas mismas palabras:
“Te busco en todas mis auroras y crepúsculos, extiendo hacia ti mis manos y mi rostro. Hasta ti grito con el corazón sediento, como el mendigo que pide junto a mi puerta. Las alturas no pueden servirte de morada, Tú resides dentro de mi. Yo, realmente, escondo en mi corazón tu gloriosa presencia, mientras mi amor por ti rebosa por mi boca. Por eso te ensalzaré, oh Señor, mientras tu aliento esté en mi”
Lección segunda aprendida... Lo que soy, está en mi... Mañana ya es Martes Santo...
Magistral!!
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